El viaje que cambió mi decisión
Después de ver los primeros vídeos en YouTube estaba convencido de que podía construir una autocaravana por mi cuenta. Sin embargo, esa seguridad empezó a desaparecer muy rápido.
Cuanto más hablaba de mi idea con amigos y conocidos, más veces escuchaba la misma respuesta.
«Es imposible.»
«Nunca conseguirás homologarla.»
«Es demasiado complicado.»
Curiosamente, casi nadie hablaba de la construcción. El mayor miedo siempre eran los documentos y la homologación. Poco a poco yo también empecé a dudar. Quizá tenían razón. Quizá era mejor dejar el proyecto en manos de personas que ya se dedicaban a ello.
Fue entonces cuando un amigo, que sabía que llevaba mucho tiempo interesado en este mundo, me envió un vídeo de TikTok.
En pocos segundos enseñaban cómo transformaban furgones en autocaravanas y cómo después los homologaban legalmente en España.
Era la primera vez que veía a personas reales haciendo exactamente lo que yo quería hacer.
Unos días después decidimos ir a conocerlos.
Su taller estaba a casi setecientos kilómetros de mi casa.
Durante todo el viaje hablamos de lo mismo: cuánto podía costar, cómo funcionaba realmente todo el proceso y si aquello era tan complicado como todo el mundo decía.
Cuando llegamos encontramos un taller pequeño. Había dos o tres furgones y un par de personas trabajando en ellos. Nos enseñaron una autocaravana ya terminada. Sinceramente, no me impresionó demasiado. Había detalles que yo habría hecho de otra manera. Otro proyecto tenía un acabado más cuidado, pero en realidad eso no era lo más importante.
Lo que realmente cambió mi forma de pensar fue otra cosa.
Aquellas personas eran inmigrantes, igual que yo. No eran una gran empresa ni una fábrica. Eran gente normal que había aprendido a transformar furgones y, sobre todo, a homologarlos legalmente.
En ese momento sentí que todas las piezas empezaban a encajar.
Durante meses había pensado que el mayor problema eran los documentos. Después de aquella visita entendí que el problema no eran los documentos.
El problema era que yo no sabía cómo funcionaba todo el proceso.
Al volver a casa empecé a investigar por mi cuenta. Busqué ingenieros especializados en homologaciones, leí los requisitos y comprendí que todo tenía un procedimiento. No era cuestión de suerte ni de hacer algo imposible. Simplemente había que conocer el proceso y hacerlo correctamente.
Hubo otro detalle que también influyó en mi decisión.
Tenían una lista de espera bastante larga. A veces pienso que, si hubieran podido empezar el proyecto inmediatamente, probablemente ellos habrían construido mi primera autocaravana.
Pero aquella espera me obligó a volver a hacer números con calma.
Llegué a una conclusión muy sencilla.
Si construía la autocaravana yo mismo, no solo ahorraría una cantidad importante de dinero. También aprendería durante todo el proceso y podría hacer exactamente la autocaravana que yo quería, sin tener que adaptarme a las decisiones de otra persona.
De regreso a casa ya no pensaba si era posible o no.
Eso había dejado de preocuparme.
Solo pensaba en una cosa.
Qué furgón iba a comprar primero.
Aquel viaje no hizo que la construcción fuera más fácil.
Lo que cambió fue mi forma de verla.
Por primera vez estaba completamente convencido de que construir mi propia autocaravana era un objetivo real.
Si has llegado a este capítulo directamente, puedes empezar desde la historia completa de cómo nació LSR365.
Al día siguiente empecé a buscar el furgón que se convertiría en el primer proyecto de LSR365 (Libertad Sobre Ruedas).