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La búsqueda del furgón final de 2024

La búsqueda del furgón

Después de decidir definitivamente que construiría la autocaravana por mi cuenta, todo se volvió mucho más sencillo. Ya no tenía que elegir entre comprar una autocaravana terminada o construirla yo mismo. Solo quedaba una tarea: encontrar el furgón adecuado.

Estaba convencido de que lo encontraría en un par de semanas.

La realidad fue muy distinta.

La búsqueda duró casi dos meses y medio.

Al principio solo buscaba Fiat Ducato. Después amplié la búsqueda a Citroën, Peugeot y otros modelos similares. Pero enseguida descubrí que el problema no era la marca.

El verdadero problema era encontrar un buen furgón.

Durante ese tiempo llamé a unas treinta ofertas. Algunas ya estaban vendidas. En otras, el vendedor solo mencionaba los problemas cuando hablábamos por teléfono. Unas tenían demasiados kilómetros, otras un precio exagerado para el estado en el que estaban.

Hubo momentos en los que llegué a pensar que encontrar un furgón adecuado era prácticamente imposible.

Hasta que apareció uno nuevo.

Estaba cerca de Sevilla, a unos 550 kilómetros de mi casa. En las fotos tenía buena pinta. Además, el precio también llamaba la atención: 18.800 euros, cuando la mayoría de los modelos parecidos costaban entre 22.000 y 23.000 euros.

Llamé al propietario y quedamos para verlo.

Le pedí a un amigo que me acompañara. El plan era sencillo: si el furgón merecía la pena, volvería conduciéndolo yo mismo.

Cuando lo vi en persona, la primera impresión no fue tan buena como esperaba.

La carrocería estaba llena de pequeños arañazos y marcas propias de un vehículo de trabajo. En el interior solo había chapa, algunos cartones y las huellas de muchos años de uso.

Sinceramente, me llevé una pequeña decepción.

Pero después pensé en los dos meses y medio que llevaba buscando.

No había encontrado nada mejor.

«Bueno», pensé, «la carrocería ya la arreglaré más adelante. Lo importante es empezar.»

Firmamos la documentación y, por primera vez, me senté al volante de mi propio furgón.

Lo que más me sorprendió fue el viaje de vuelta.

A los pocos minutos dejé de sentir que estaba conduciendo un vehículo comercial grande. Era tan fácil de llevar que recorrí los 550 kilómetros prácticamente sin cansarme. Todo el tiempo tenía la sensación de estar conduciendo un coche normal.

Por la noche aparqué el furgón en el patio de casa.

Cené.

Abrí una cerveza.

Y simplemente me senté delante de él.

A través de la verja veía aquel furgón blanco completamente vacío.

Por la mañana todavía pertenecía a otra persona.

Ahora era mío.

Fue entonces cuando pensé por primera vez:

«¿En qué me he metido?»

Hasta ese momento todo había existido solo en mi cabeza.

El interés por las autocaravanas.

Las salidas en velero.

Las dudas.

El COVID.

Los vídeos de YouTube.

El viaje de setecientos kilómetros.

La búsqueda del furgón.

Todo aquello había ocupado varios años de mi vida.

Y ahora, delante de mí, tenía un vehículo real que debía convertir en una autocaravana.

No sentía miedo.

Lo que sentía era otra cosa.

La certeza de que ya no había vuelta atrás.

Me quedé un buen rato pensando por dónde empezar.

Poco a poco fue apareciendo el primer plan.

Primero las ventanas.

Después el aislamiento.

Luego la instalación eléctrica.

Y entonces me di cuenta de algo que me hizo sonreír.

Hasta ese momento había construido una casa, había hecho muchas reformas y había trabajado con madera, fontanería y electricidad.

Pero tenía cuarenta yseis años y nunca, ni una sola vez, había cortado la carrocería de un coche.

En unos días iba a coger una radial y hacer el primer corte.

Fue esa noche cuando entendí que el sueño empezaba a convertirse en realidad y que nacía el primer proyecto de LSR365 (Libertad Sobre Ruedas).

Si has llegado a este capítulo directamente desde Google o desde un buscador con inteligencia artificial, te recomiendo empezar por la historia completa de cómo nació LSR365, donde cuento todo el proceso desde el principio.

En el siguiente capítulo explico cómo fue el primer corte en la carrocería y por qué ese momento me dio mucho más miedo que comprar el propio furgón.

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