Cuando el furgón empezó a sentirse como un hogar
Después de instalar las ventanas, el aislamiento y el suelo, tenía la sensación de que lo más difícil ya había pasado.
Ahora solo quedaba hacer el interior.
Desde fuera parecía la parte más sencilla. Pensaba que solo tenía que construir los muebles, instalar la cocina y la autocaravana estaría prácticamente terminada.
La realidad fue muy diferente.
Fue la fase que más tiempo me llevó.
No tenía ningún plano.
No hice dibujos.
No utilicé programas de diseño.
Todo iba naciendo sobre la marcha.
Solo tenía una idea aproximada de dónde estaría la cama, la cocina y el baño.
Para entonces ya había aislado y revestido las paredes, había instalado la instalación eléctrica, el circuito de agua y el depósito de agua limpia.
Por eso decidí empezar construyendo la cama.
No porque fuera el elemento más importante.
Sino porque todo lo demás dependía de ella.
La mampara del baño, el bloque de cocina y el resto del mobiliario debían partir de esa primera estructura.
Cada pieza condicionaba la siguiente.
Trabajar dentro del furgón resultó mucho más complicado de lo que imaginaba.
En una casa casi todas las paredes son rectas.
En un furgón ocurre exactamente lo contrario.
Prácticamente no existe una sola superficie completamente plana.
Cada tablero había que adaptarlo.
Cortar unos milímetros.
Rectificar.
Volver a probar.
Y repetir el proceso una y otra vez.
En YouTube todo parecía mucho más sencillo.
También fue entonces cuando cometí uno de los errores que solo entendí años después.
Todos los vídeos que veía estaban hechos por personas que vivían de forma permanente en sus autocaravanas.
Todos repetían la misma idea:
«Nunca sobra espacio para guardar cosas.»
Les hice caso.
Construí una gran cantidad de pequeños cajones y compartimentos.
Invertí muchísimo tiempo en fabricarlos.
Solo años más tarde, cuando nació LSR365 (Libertad Sobre Ruedas) y decenas de viajeros comenzaron a alquilar mis autocaravanas, comprendí que había diseñado parte del interior pensando en un estilo de vida que no era el de mis clientes.
Quien vive durante meses en una autocaravana aprovecha cada pequeño compartimento.
Pero quien la alquila durante una o dos semanas normalmente solo necesita un espacio amplio donde dejar la maleta y disfrutar del viaje.
Si hoy volviera a construir aquella primera autocaravana, esa sería una de las primeras cosas que haría de otra manera.
Pero entonces todavía no tenía esa experiencia.
Simplemente construía la autocaravana que imaginaba en mi cabeza.
Poco a poco el interior empezó a parecerse más a un hogar que a un vehículo en construcción.
Uno de los recuerdos más bonitos de aquella época ocurrió un día cualquiera.
Decidí trabajar junto al mar.
Aparqué el furgón en una pequeña zona elevada, cerca de una playa salvaje donde solía ir a nadar con máscara.
Abrí todas las ventanas.
Entraba la brisa del mar.
Se escuchaban las olas.
Trabajé durante varias horas, luego fui a darme un baño y, al volver, decidí hacer una pausa.
Había comprado una ensalada, unas tostadas con jamón y queso en Mercadona y preparé un café.
Me senté a la mesa.
Y, por primera vez, comí tranquilamente dentro de mi propia autocaravana.
Fue un momento muy sencillo.
Pero aquel día ocurrió algo que no había pasado hasta entonces.
Por primera vez no estaba construyendo una autocaravana.
Simplemente estaba viviendo dentro de ella.
En el siguiente capítulo cuento los errores que cometí al construir mi primera autocaravana y cómo muchos de ellos terminaron ayudándome a construir una segunda autocaravana mucho mejor.
Si has llegado directamente a este capítulo desde Google o desde un buscador con inteligencia artificial, puedes empezar por la historia completa de cómo nació LSR365 y seguir toda la evolución del proyecto desde el principio.