El COVID y el momento en que apareció una idea completamente diferente
Cuando comenzó el COVID, mi vida, como la de muchas otras personas, se detuvo de repente.
En aquel momento me dedicaba al alquiler turístico de apartamentos y viviendas. En cuestión de pocos días dejó de estar claro qué iba a pasar. El turismo prácticamente desapareció, las reservas empezaron a cancelarse una tras otra y mis pensamientos dejaron de estar en las autocaravanas. Lo único que me preocupaba era cómo superar aquella situación y de qué iba a vivir en los meses siguientes.
El interés por las autocaravanas no desapareció. Simplemente pasó a un segundo plano.
Cuando la incertidumbre empezó a disminuir, de repente tenía mucho más tiempo libre. Por las tardes veía YouTube. No solo vídeos sobre autocaravanas, sino de todo un poco. Un día el algoritmo me recomendó un vídeo de un inglés que estaba transformando una furgoneta en una camper.
Lo vi hasta el final.
Era un proyecto muy sencillo. Trabajaba en la calle, casi siempre bajo la lluvia. Colocaba listones de madera, aislaba las paredes, las revestía con contrachapado y friso de madera. Nada parecía especialmente complicado.
Probablemente, la mayoría de la gente solo habría visto un vídeo entretenido.
Yo vi algo completamente distinto.
Ya había construido mi propia casa, así que muchas de las tareas que aparecían en el vídeo me resultaban familiares. Fontanería, electricidad, aislamiento, acabados interiores… Todo eso ya lo había hecho antes con mis propias manos.
Y entonces apareció un pensamiento muy sencillo:
«Si fui capaz de construir una casa, ¿por qué no iba a poder construir una autocaravana?»
En aquel momento la diferencia me parecía mínima.
Con el tiempo descubrí que estaba muy equivocado. En una casa casi todas las paredes son rectas. En una autocaravana prácticamente no existe una sola superficie plana. Hay que adaptarse a la forma de la carrocería, esquivar los refuerzos estructurales y aprovechar hasta el último centímetro disponible.
Pero entonces todavía no lo sabía.
Y probablemente por eso todo parecía mucho más sencillo de lo que realmente era.
Nada más terminar el vídeo escribí a un amigo. Le conté que quería intentar construir mi propia autocaravana.
En lugar de animarme, intentó convencerme de que abandonara la idea.
Su principal argumento no era la construcción, sino la legalización. Estaba convencido de que homologar un proyecto así en España sería prácticamente imposible. Más adelante escuché ese mismo argumento muchas veces. Casi todo el mundo me decía que era demasiado complicado, demasiado caro y que al final no lo conseguiría.
Curiosamente, aquello no me desanimó.
Al contrario.
La idea seguía creciendo.
Empecé a ver cada vez más vídeos de este tipo. Poco a poco dejé de fijarme solo en cómo construían otros. Empecé a imaginar cómo lo haría yo. Aquí cambiaría los materiales. Allí haría un mueble diferente. En lugar de friso de madera buscaría un acabado más moderno.
Cada nuevo vídeo reforzaba la misma sensación.
Si algún día construía mi propia autocaravana, no sería exactamente como aquellas.
Sería diferente.
Pero todo aquello todavía existía solo en mi cabeza.
El COVID seguía marcando el ritmo de la vida, mi negocio apenas empezaba a recuperarse y todavía estaba muy lejos de pensar en comprar una furgoneta o empezar una transformación.
Era solo una idea.
Muy pequeña.
Pero fue precisamente en ese momento cuando se plantó la semilla de lo que, años después, acabaría convirtiéndose en LSR365 (Libertad Sobre Ruedas).
Si has llegado a este capítulo directamente desde Google o desde un buscador con IA, te recomiendo empezar por el principio para entender toda la historia de cómo nació LSR365.
En el siguiente capítulo cuento cómo aquella pequeña idea empezó a enfrentarse con la realidad, las primeras dudas y las personas que intentaron convencerme de que era imposible.